
El contribuyente puede practicar una deducción sobre las cantidades satisfechas para la compra de su vivienda habitual. Con carácter general, se puede deducir un 15% del total aportado hasta un máximo de 9.015,18 euros (lo que supone una deducción máxima anual de 1.352,27 euros).
Entre las cantidades a desgravar se debe incluir el capital amortizado, los intereses satisfechos y los gastos derivados de la financiación, como por ejemplo un seguro de vida ligado a la misma y que la mayoría de bancos obliga a contratar junto con el préstamo hipotecario.
Si compra una pareja y cada uno hace su declaración de renta, cada uno de ellos se podrá aportar 9.015,18 euros, con lo cual la deducción máxima anual sería 2.704,54 €.
En el caso de la compra de una segunda vivienda para convertirla en vivienda habitual. No se podrá aplicar la deducción por vivienda habitual hasta que la inversión no supere las cantidades invertidas en la anterior vivienda. Es decir, hasta si una persona se ha deducido durante varios años 50.000 euros por la compra de un piso no podrá volver a desgravar por la compra de vivienda habitual hasta que no haya invertido mas de 50.000 euros en la nueva.
Para quienes desconozcan el cambio que planea el Gobierno, se puede resumir como el final de las deducciones para quienes compren una casa a partir de 2011 y ganen más de 24.000 euros. En realidad, la propuesta de Zapatero contempla que sólo las rentas inferiores a 17.000 euros se podrán deducir el máximo de 9.015 euros del que ahora disfrutan todos los contribuyentes, ya que la cuantía iría descendiendo linealmente hasta los citados 24.000 euros. Por lo menos, quienes hayan comprado su casa antes del 1 de enero de 2011 podrán seguir practicando las citadas deducciones. El impacto fiscal de esta deducción se genera para los nuevos hipotecados a partir de 2011. Es decir, quién actualmente tenga derecho a ella, la mantendrá en el tiempo, mientras dure su hipoteca o no decida cambiarse de vivienda. Si se genera un cambio de vivienda, perderá esta deducción.